Módulo 3
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Haber completado el Módulo 0 Introductorio a la Terapia Relacional Sistémica en CETRU
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Contar con formación documentada en Terapia Sistémica acompañada de entrevista individual.
Clases semanales los días jueves de 18:30 a 20.30hs.
Del 9 de Abril al 25 de Junio de 2026
En las últimas décadas, las transformaciones sociales, culturales y tecnológicas han modificado profundamente las formas de crianza, las dinámicas familiares y las experiencias subjetivas de niños, niñas y adolescentes. En este contexto, la clínica exige hoy un posicionamiento ético, epistemológico y técnico que reconozca la singularidad de la infancia y adolescencia actuales, así como la complejidad de los entramados familiares y comunitarios en los que están inmersas.
Existe aún una tendencia persistente a escuchar poco a niños y niñas o a hacerlo desde categorías adultocéntricas que interpretan su experiencia sin otorgarles aún, una voz propia. En la clínica, esto se traduce con frecuencia en intervenciones centradas más en la regulación del síntoma que en la comprensión relacional de su sentido, o en lecturas diagnósticas que capturan la subjetividad infantil en etiquetas tempranas.
Formar terapeutas capaces de escuchar las voces infantiles - sus modos jugar, callar, decir o hacer - constituye un imperativo ético y clínico. Esto no implica tomar literalmente lo que un niño expresa, sino reconocer que su decir siempre está entramado en una compleja red de relaciones que es necesario aprender a leer más allá de las palabras.
Hoy trabajamos con familias que conviven con múltiples tensiones económicas, sociales y vinculares. Las distintas formas de vulnerabilidad — violencia, negligencia, abuso, desamparo - presentes en todos los estratos sociales— debilitan los recursos con los que las familias cuentan y reducen su capacidad de respuesta.
Estas situaciones han encendido señales de alarma en los agentes de salud, interpelándonos y exigiendo una actualización contínua de nuestros marcos conceptuales y modos de intervención sensibles y contextuados.
En los inicios del enfoque sistémico, “contexto” significaba observar las realidades sociales que rodeaban una problemática. Hoy avanzamos hacia un pensamiento que incluye la lectura del contexto como parte de la producción situada que emerge en esa trama viva de relaciones en el encuentro terapéutico.
En diálogo con autores sistémicos contemporáneos, filósofos, antropólogos, etnólogos que han nutrido la terapia sistémica, comprendemos que las realidades familiares no son estructuras fijas, sino ensamblajes dinámicos, lo cual invita a leer los procesos clínicos como composiciones en movimiento.
El trabajo en situación no estandariza, exige abandonar categorías universales y prescriptivas, abriendo paso a una clínica como práctica encarnada, afectada por lo que sucede en el territorio y la cultura específica donde se produce el encuentro terapéutico.
Como plantea Spinoza, un cuerpo no está cerrado en sí mismo, su potencia se despliega siempre en un entramado de relaciones. El trabajo clínico no consiste en corregir cuerpos o conductas, sino en crear condiciones relacionales para que emerjan nuevas potencias, evitando capturarla en moldes rígidos o en marcos interpretativos previamente definidos por la sociedad. El terapeuta trabaja con la situación, no a pesar de ella ni por fuera de ella.
En nuestra tradición cultural, los síntomas infantiles suelen presentarse como negativos o indeseables y rápidamente denunciados como algo a suprimir o corregir. La formación relacional–sistémica, en cambio, propone pensar el síntoma como una denuncia, un recurso activo del sistema familiar: un modo significativo de expresión, una vía de acceso al sentido relacional del malestar y un pedido de ayuda que involucra a todos los actores que acompañan al niño. No todo síntoma infantil expresa un desajuste en el funcionamiento familiar. El malestar puede surgir en otros sistemas significativos como el ámbito educativo - con situaciones de exclusión o sobreexigencia, dificultades específicas del aprendizaje o factores neurobiológicos que no implican necesariamente una desconexión en el entramado familiar. En estos casos, el síntoma conserva su valor expresivo, pero su sentido exige considerarlo en diálogo con un campo relacional más amplio.
Que cada integrante del sistema terapeuta–familia que conformamos pueda reconocer tanto su participación como su omisión en el mantenimiento de la situación que genera malestar, resulta fundamental. Esto incluye no solo lo que hacemos, sino también aquello que dejamos de hacer porque pasa inadvertido o queda fuera del foco de atención como ocurre en situaciones de acoso escolar, exclusiones reiteradas u otras experiencias que exceden lo familiar y requieren de la participación activa de otros garantes sociales. Saber leer a tiempo las señales que se manifiestan como síntomas, puede marcar una diferencia decisiva en el acompañamiento de la situación.
Comprender el sentido relacional del síntoma permite que las familias hagan visibles sus modos de estar juntos, que no se reducen a la comunicación que se da entre los integrantes, sino que incluyen el contexto, la afectividad y emocionalidad, las posiciones de poder recíproco, la historia y los cuerpos en acción dentro de un entramado cultural específico.
Trabajar con niños nos sitúa frente a las contradicciones, inconsistencias y paradojas que conforman sus experiencias cotidianas. Nos exige abandonar lógicas reduccionistas que buscan responsables individuales y sostener, en su lugar, una ética de corresponsabilidad relacional.
Trabajar en conjunto con la familia, la escuela y otras instituciones sociales permite descubrir que cada actor involucrado dispone de recursos reales que pueden ponerse en juego para generar modos más efectivos de componer las relaciones en el ejercicio del cuidado.
De estas composiciones surgen tensiones. La tarea clínica consiste en poner las tensiones en diálogo abandonando lógicas lineales que buscan culpables. La mirada sistémico–relacional apuesta a la confianza, acompañando a cada integrante de la familia a descubrir y reconocer con responsabilidad, qué de su propia posición sostiene la situación actual y qué recursos posee cada uno y puede poner en juego para colaborar a transformarla. Redescubriendo potencialidades que antes no eran visibles y que pueden emerger a través del trabajo terapéutico conjunto.
En CETRU, el compromiso relacional de padres, hijos y terapeutas constituye la base de nuestra tarea. Desde el enfoque relacional–sistémico, el terapeuta no interpreta desde arriba ni controla desde afuera: co-produce con la familia en el presente compartido.
Esta producción en inmanencia implica sensibilidad clínica, lectura de las relaciones y su historia, apertura a lo inesperado, curiosidad genuina, creatividad y capacidad sostenida para alojar las tensiones, paradojas y ambivalencias propias de todo sistema vivo.
¿Por qué un curso de formación específico para el trabajo con niñas niños y adolescentes hoy?
Porque los desafíos actuales exigen terapeutas capaces de comprender las complejidades relacionales contemporáneas; intervenir sin patologizar; trabajar articuladamente con el sistema educativo, con otros técnicos, con la familia nuclear y la familia ampliada. Hoy acompañamos familias diversas; y el desafío es sostener posiciones éticas, acordes a los derechos de niños, niñas y adolescentes, pensando la clínica como práctica situada.
No trabajamos aplicando técnicas de forma automática ni adhiriendo sin reflexión a marcos interpretativos instalados socialmente, muchas veces portadores de modos de interpretar la realidad con sesgos o categorías sociales del momento. En consonancia con Inga-Britt Krause, entendemos que “las categorías diagnósticas deben ser usadas con precaución, porque nunca existen fuera del contexto cultural y relacional que las produce”. Desde esta premisa, trabajamos desde la singularidad de cada niño y su trama relacional.
Este curso evita tanto la patologización como la aceptación irreflexiva de narrativas culturales arbitrarias, favoreciendo una comprensión profunda de los procesos relacionales, culturales y sociales que configuran la experiencia de cada niño, niña o adolescente. La clínica situada requiere prudencia, escucha y reflexión ética, no la aplicación automática de discursos sociales emergentes de un tiempo determinado.
Este curso se propone ofrecer un marco teórico sólido y herramientas clínicas para el trabajo con niños, niñas y adolescentes desde el enfoque sistémico–relacional, con aportes filosóficos y en diálogo con autores contemporáneos.
Profundizar en los principales postulados teóricos, epistemológicos y técnicos del enfoque sistémico–relacional aplicados al trabajo con niños, niñas, adolescentes y sus familias, en diálogo con desarrollos contemporáneos de la corriente sistémico–relacional, así como con aportes de la filosofía y la antropología que han nutrido históricamente este campo.
Comprender la función relacional del síntoma infantil, atendiendo a sus diversos modos de presentación y transformación durante el proceso psicoterapéutico.
Analizar el síntoma como una expresión situada en una red de relaciones que puede incluir al sistema familiar, educativo, institucional y sociocultural, reconociendo la complejidad de los contextos en los que se produce el malestar.
Desarrollar una posición clínica capaz de crear condiciones de posibilidad para que las distintas voces, miradas, historias y posiciones relacionales puedan ser escuchadas y puestas en diálogo dentro del proceso terapéutico.
Introducir la técnica de Títeres y Titiriteros, articulando su uso clínico con la epistemología sistémico–relacional y con concepciones contemporáneas de la subjetividad, el cuerpo, el juego y la potencia expresiva.
Incorporar una mirada transgeneracional que contemple al menos tres generaciones, utilizando el genograma y otras cartografías relacionales como herramientas para reflexionar sobre procesos de transmisión, lealtades invisibles y patrones relacionales en el trabajo con niños y sus familias.
Explorar aportes conceptuales y filosóficos de autores como Deleuze y Guattari —potencia, composición, devenir, multiplicidad— en diálogo con el pensamiento sistémico–relacional, con el fin de enriquecer la lectura clínica de los procesos infantiles y adolescentes.
Primeras entrevistas con niños y familias
Modelo CETRU
Construcción del encuadre y de la alianza relacional
La demanda y sus múltiples direcciones
Lectura situada del motivo de consulta
Aportes de las escuelas sistémicas al trabajo con niños
Terapia Sistémica breve centrada en soluciones aplicada al trabajo con niños, niñas y adolescentes.
Escuela de Milán: hipótesis, circularidad, neutralidad y curiosidad
Continuidades y transformaciones del enfoque sistémico–relacional aplicado al trabajo con niños, niñas y adolescentes.
La posición del terapeuta en la clínica contemporánea
El síntoma en la infancia
Valor y función relacional del síntoma
Modos de presentación, desplazamientos y transformaciones del malestar
Síntoma, contexto educativo e institucional
Patologización y las lecturas lineales peligrosas.
Técnica: Títeres y Titiriteros
Fundamentos epistemológicos
Agenciamiento: el juego, la escena y la creación como dispositivo relacional.
Intervenciones clínicas según diferentes demandas
Violencias, exclusiones y situaciones de vulnerabilidad
Dificultades de aprendizaje y padecimientos subjetivos
Trabajo en red con otros sistemas e instituciones
Clínica situada y corresponsabilidad relacional
Mirada transgeneracional
Genograma y cartografías relacionales
Transmisiones, repeticiones y puntos de inflexión
Tres generaciones en diálogo
Historia, contexto y devenir otro con otros.
Aportes de autores contemporáneos al pensamiento clínico.
Emociones, cultura y contexto
Clínica, poder y performatividad.
Potencia, composición, devenir y producción de subjetividad.
Pensar la clínica como práctica viva, situada y relaciona
La bibliografía se compartirá al momento de la inscripción.
3 cuotas iguales y consecutivas de $6.500 (pesos uruguayos).
(Costos vigentes hasta Dic. 2026)
La primera cuota deberá abonarse en el momento de la inscripción.
Enviar comprobante a: inscripciones@cetru.uy
Una vez completada la inscripción, recibirás un permiso para ingresar a nuestra plataforma donde encontrarás el calendario completo de clases y la bibliografía del curso.
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CA Nro. 000431023-00001
A nombre de Mónica Dorado.